viernes, 8 de abril de 2016

Pensando entre palabras


Actividad 1: La parte de Salomé

   Metáfora: "Puedo arrojarla a los perros y a las aves del aire... Lo que los perros desdeñen, las aves  
   del aire lo devorarán..."

Actividad 2: Una víbora entre suspensos coloridos
 
   1. Triste: Víbora, me dejaste
   2. Suspenso: Ahí, donde cuelga la cabeza...
   3. Romántico: Mi centro escarlata es tuyo

Actividad 3: Un gato con presencia

   Por la casa
   Ondeaba un gato
   Negro oscuro
   Con una presencia
   Elegante

AMOR Y FELINOS... SÍ, SÍ TIENE SENTIDO


1. TE MALDIGO JOKANAÁN

Recurso retórico:

Hipérbole: "Yo era casta, y tú llenaste mis venas de fuego"

2. PALABRAS SON TODAS, SENTIDO SÓLO UNO

Triste-Víbora: Vete silenciosamente, víbora.
Suspenso-Cabeza: perdiste la cabeza.
Romántico-Escarlata: tus labios escarlatados.

3. FIEL NO SON SÓLO LOS PERROS 

Rueda amigo mio
Alcanza tu 
Felicidad
Aruñas sin parar 
Entre mimbres y estambres
Libre eres amigo mio, gato fiel.


UN ENCUENTRO INESPERADO

Nublado, frío y solo. Así se caracterizaba el camino por el cual recorría Frodo, en lo que parecía una eterna travesía, con la finalidad de destruir el anillo. Sí, sí es el anillo que estás pensando. Esa maldita prenda de oro forjado por el Señor Oscuro Sauron, en el Monte del Destino. Característico por su color brillante, que predomina, pero con un poder oscuro que lo nutre.

Caminaba y caminaba. Ya exhausto, decide parar por unos minutos para recuperar el aliento. Bien atrás se había quedado Sam, tras la discusión que tuvieron. Saca las pocas migajas que le quedaban de aquél pan que le habían regalado los elfos. Agarra un trozo y lentamente lo va masticando, sabiendo que podría ser una de sus últimas comidas, cuando de repente escucha un ruido en los arbustos. Sale corriendo y se esconde detrás de unas rocas y se coloca su capa de invisibilidad. Asustado, pensando que un Orco iba a venir con su vida.
-       Frodo: Si me quedo aquí, lo más probable es que me descubran… mejor correré lo más rápido que pueda y logre deshacerme de él”, dice preocupado.

Se levanta y cuando ya decide que va a correr por su vida, escucha una voz entonando unas particulares notas, que sólo una vez había escuchado en su vida. Era un canto gregoriano, típico de los elfos.

-       Frodo: ¿De dónde viene esa voz? ¿Será Legolas que vino por mí?

Frodo curioso se levanta, se quita la capa y empieza a buscar de dónde proviene la voz. De repente, logra ver una silueta, pero era muy pequeña como para que fuera Legolas. Sigue tratando de ver quién podría ser, hasta que se percata que – efectivamente – era un niño el que estaba cantando.

-       Frodo: ¡HEY! ¡HEY!

El niño se voltea sorprendido.

-       Frodo: Sí, es contigo. No te haré daño, soy un simple viajero. Ven.

El niño se acerca sin saber qué esperar.

-       Frodo: Hola, ¿cómo te llamas? Mi nombre es Frodo.
-       Adso: Hola, mucho gusto.  Mi nombre es Adso de Melk.
-       Frodo: ¿Qué haces por aquí? ¿No sabes que este camino es muy peligroso?
-       Adso: No, pero tengo que pasar por aquí porque si. Necesito llegar a un lugar que me encomendaron, y no le puedo fallar a mi maestro. Hasta luego, ya estoy perdiendo mucho tiempo aquí parado hablando contigo, me tengo que ir.
-       Frodo: ¡Espera, espera! ¿Por qué tanta prisa?
-       Adso: ¿No entiendes que me tengo que ir?
-      Frodo: En la vida lo que sobra es tiempo, puedes parar unos minutos y descansar un poco. Debes de venir desde muy lejos, como yo.
-       Adso: Lo menos que tiene mi maestro es tiempo. Lo siento, me tengo que ir. La vida de él depende de ello.
-       Frodo: Bueno, está bien. Yo también iré. Igual, tengo que recorrer el mismo camino que tú.
-       Adso: Está bien, pero rápido. Vamos.
-     Frodo: Disculpa que te haga tantas preguntas… tengo mucho tiempo viajando solo.
-       Adso: Y, ¿qué haces tú por aquí?
-       Frodo: Estoy en una misión que me encomendaron hace ya algunos meses. La existencia del mundo depende de que yo pueda cumplir mi misión.
-       Adso: ¿Por qué? No entiendo.
-      Frodo: Bueno, es una larga historia, pero ya que tenemos tiempo de sobra, te la contaré.
-       Adso: Ok, empieza.
-     Frodo: Hace muchísimos años, fue creado por el Señor Oscuro Sauron, en el Monte del Destino, un anillo. Lo llaman “El Anillo Único”. Después de que los herreros elfos de Eregion le enseñaran el arte de forjar anillos y crearan los anillos de poder. Tras aprender dicha técnica, viajó a Mordor y en el fuego del Orodruin, creó “El Anillo Único”. Es un anillo de oro, con un grabado en la lengua negra, el cual dice “Un anillo para gobernarlos a todos, un anillo para encontrarlos, un anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas.
-       Adso: Y, ¿Qué hace este anillo?
-    Frodo: cuando te lo colocas tiene la capacidad de hacerte invisible. Además, es tan poderoso que puede controlar todo los portadores de los anillos de poder. Este anillo cae en las manos equivocadas y podría significar el fin del mundo como lo conocemos.
-       Adso: Guao… una vez leí sobre esos anillos. Recuerdo que mi maestro de Guillermo de Baskerville me dio un libro sobre los elfos. De ahí aprendí la canción que estaba cantando cuando nos encontramos. Pensé que sólo era una leyenda, al igual que los elfos.
-       Frodo: No. Mucha gente cree lo mismo que tú. La verdad es que existe un mundo totalmente distinto a lo que la gente común conoce. Impresionante las cosas que puedes ver y encontrar.
-       Adso: Y yo que pensaba que todo lo que existía era lo que decían los libros de los filósofos como Nietzsche, Platón, Aristóteles, Descartes o Umberto Eco.
-       Frodo: Y ese maestro del que tanto hablas, ¿qué le pasó?
-     Adso: Bueno, mi maestro es muy respetado entre los monjes franciscanos. Hace unas semanas, le encomendaron una misión, así como la tuya. Lo mandaron a viajar a una lejana abadía, situada en los montes de la Italia septentrional, debido a una serie de extrañas muertes que habían ocurrido en el recinto. Él decidió llevarme porque sería una experiencia para mí salir a conocer el mundo.
-       Frodo: Aja, pero ¿Qué le pasó?
-       Adso: Espera, ahora tú pareces ser el que está apurado (dice entre risas). 

ANTHONY MOUNTAIN

jueves, 7 de abril de 2016

CUENTO EN ACRÓSTICO DEL DIÁLOGO CON SALOMÉ

CUENTO EN ACRÓSTICO DEL DIÁLOGO CON SALOMÉ

1.    “EL MELODRAMA DE SALOMÉ”
©      Recurso retórico: Hipérbole.
“No había nada en el mundo tan blanco como tu cuerpo.”

2.    “MEMORIAS EN TRES”
©      Triste/Víbora: “Insomnio, venenosa víbora”.
©      Suspenso/Cabeza: “Una cabeza fragmentada”.
©      Romántico/Escarlata: “Insinuante luz escarlata”.

3.    “MENSAJE EN VERTICAL”
Melena corta y oscura, da la
Ilusión de brillar, cuando la luna
Se asoma alumbra su misterioso mirar.
Todo para hacerle cantar.

4.    “ESENCIAS EFIMERAS”
Entre los comensales, una pequeña tienda en París se tomó para sí el titulo de los sabores del alma. Una nueva empleada extranjera había llegado hace poco a esa cocina y desde entonces todo aquel que probaba su comida juraba estar probando emociones. A veces eran buenas, otras malas, pero siempre las ganas de saborear recuerdos lograba que los paladares volvieran.
En los ratos libres, mientras se horneaba algún platillo, la joven responsable de los nuevos sabores de París miraba por la ventana cómo codo a codo pasaban las personas, contando su vida en palabras cortas mientras compartían un café, un bocadillo, una caricia, una mirada, un beso. A pesar de ser personas ajenas, Tita se inspiraba en ellas para poner, en cada plato, un poco de “eso” que no tenía. Al otro lado de la calle un joven miraba en dirección a la ventana. Momentáneamente los ojos de los dos se tocaron, se rozaron, se sintieron. Apenada, Tita se giró para chequear torpemente el horno, pasados un par de minutos volvió a la ventana con la secreta esperanza de encontrarse con aquella mirada furtiva. Sin embargo, su deseo no pasó de ser solo eso.
Los siguientes dos días era más el tiempo que Tita pasaba enmarcada en el borde de la ventana que el que dedicaba a la cocina. Decidió alejarse del fuego y mientras daba un distraído paseo por el mostrador una mirada amenazaba con atravesarle la piel. Sutilmente alzó sus ojos en busca de aquellos punzantes, pero no encontró sino a quienes habitualmente pasaban por la tienda en horas de la tarde. Al voltearse, ya resignada a que las ansias le habían tomado el pelo, se topó con la mirada de un joven de tez clara y unos irregulares mechones oscuros como el chocolate. Ante aquellos aceitunados ojos le era difícil articular un pensamiento coherente, se iniciaba, con su sola presencia, un momento extraño y de perturbante intensidad.
Un delgado mostrador de vidrio separaba sus cuerpos y hasta el silencio se calló cuando Tita, en casi un suspiro preguntó, –¿Puedo ayudarle?, la respuesta, sin embargo, le ató de manos a pies el cuerpo cuando aquel joven con un sereno semblante alejó la mirada al decir, –Hueles a melancolía. Para cuando recuperó el aliento el aprendiz de perfumista, Jean-Baptiste Grenouille, ya se había perdido entre la multitud de cuerpos. En los labios de Tita quedó una pregunta, –¿A qué sabe la melancolía? Esa noche en el menú el sabor principal era la intriga.
Para la mañana siguiente, la tienda recibió un pedido especial, un platillo de ciruelas amarillas con agua de chocolate. El pedido estaba a nombre de Grenouille y sería Tita la encargada de entregarlo. Al llegar a la perfumería la recibieron sutiles aromas de aceites,  flores y especias. Se detuvo un segundo para aspirar lentamente la mezcla de olores que la arropaban, llenó sus pulmones de millones de recuerdos con sabores, pero al salir el aire de ellos le dejó un amargo a soledad y silencio.
En la esquina de una larga mesa dejó el paquete. Sus ojos curiosos leían fugazmente las etiquetas en los frascos, –¿Canela, para qué un perfume llevaría canela? –preguntó ella en voz alta–. De entre los vidriosos recipientes una voz masculina contestó preguntando, –¿Quieres ver?, al tiempo que le ofrecía un pañuelo perfumado. Jean-Baptiste tomó el paquete que ella había traído y se dirigieron al estudio donde se crean las nuevas esencias. –Los olores son efímeros y es una pena –dijo él al meter unas flores en un globo de cristal–, pero en un perfume nunca mueren –continuó mientras vertía el agua de chocolate y comenzó a cocinarlas. Fascinada, Tita preguntó –¿Se puede hacer con cualquier cosa?, a lo que pausadamente él contestó, –Flores, frutas, animales, personas. Mientras se miraban la primera gota de aceite cayó, haciendo eco de las palabras de su creador. Jean-Baptiste no parecía preocupado, la expresión neutral en su rostro erizaba los vellos en el cuello de Tita quien escuchaba sin entender las locura tras sus palabras, –Tú tomas huevos para una tortilla, yo tomo cuerpos para un perfume –dijo él sin ningún tono de remordimiento escondido en su voz.
Tita estaba sofocada, sintió como las piernas cedían a su peso. Miró el pañuelo que aún estaba en su mano y sus ojos se llenaron de sal. Entre el ahogo de su llanto podía escuchar como Jean-Baptiste tomaba grandes y lentas bocanadas de aire –Sniff, aún hueles a melancolía.

PERSONAJES:
©      TITA
Obra: “Como agua para chocolate” (1989).
Autor: Laura Esquivel.

©      JEAN-BAPTISTE GRENOUILLE
Obra: “El perfume: historia de un asesino” (1985).
Autor: Patrick Süskind.

RECURSOS RETÓRICOS:
©      Símil o comparación: “(…) mechones oscuros como el chocolate”.
©      Hipérbole: “(…) una mirada que amenazaba con atravesarle la piel”.
©      Onomatopeya: “–Sniff, aún hueles a melancolía”.


–Mist

AMORES ABSURDOS

1. "Locura"

Metáfora: "Tu cuerpo...Era un jardín lleno de palomas y de lirios de plata. "

2. "Todo lo que puedo decir"

Víbora/Cabeza/Escarlata

Triste: Tu engaño, víbora
Suspenso: La cabeza servida
Romántico: Tus labios escarlata

3. "Te traté como mujer"

Años han pasado de tu partida,
Nunca imaginé que te perdería tan fácilmente,
Doncella persa de garras afiladas y de ojos esmeralda, los
Recuerdos de tu ira, los llevo cicatrizados en mis hombros
El alcohol ayudó a curar mi dolor
Sanando poco a poco las heridas más profundas

4. "Lo esencial de mí" 

  En mis viajes he dado con varios paisajes señor Malloy, recorrí el mundo tratando de perderme de mi sufrimiento, ¿irónico, no? Lo principal en mi travesía era vagar con mi desgracia, lo único que me sostenía. En una ocasión quise aferrarme a la poca humanidad que me quedaba, pero no me puedo sujetar a algo que perdí hace tiempo. Por décadas traté de alejarme de mis antojos de sangre, ya sabe, intentar de ser "humano"; sin embargo, a veces saciar mi sed era incontrolable, tuve que apartarme de la sociedad, las yugulares de las ratas debían ser mi cena por las noches, aunque todo era en vano, cada vez se hacía más evidente que no quedaba satisfecho. Ya eran las cuatro de la madrugada, mis labios suplicaban por el cuello de una doncella, por lo menos el de una prostituta barata.

No podía más, ya no me soportaba. Mi garganta estaba seca, pero creo que mi conciencia era más fuerte, me mortificaban los recuerdos y me abrumaban mis pasadas decisiones, no quería ser el monstruo que soy pero no puedo dejar de serlo. Rápidamente corrí al bosque, alejándome de toda tentación, comencé a buscar entre la carroña del suelo algún animal moribundo, sólo quería calmar mi apetito. 

Fue en ese instante que lo vi, un cánido de pelaje más naranja que el último atardecer que pude presenciar, estaba sentado, parecía como si estuviera admirando la luna, la cual, con su luz iluminaba aun más el pelaje del zorro. Pude haber quedado embelesado por los colores tan vivos del animal, eran tan llamativos que resaltaban entre la opacidad del bosque, una criatura tan hermosa y a punto de ser devorada. Qué tragedia que mi sed era más grande. 

Con cautela me fui acercando, pero en el momento que iba a sostenerlo e hincarle mis colmillos, el zorro giró la cabeza y me miró, nos quedamos estáticos en medio del bosque. Me tenia hipnotizado con su mirada. Le parecerá absurdo lo que acaba de oír pero tranquilo señor Malloy, que la locura en esta historia vendrá a continuación.

El animal abrió su hocico al cabo de un minuto de haberme mirado y el sonido que salió de ella me dejó perplejo.

—Buenas noches —dijo el zorro.

No pude ocultar mi sorpresa. Me quedé boquiabierto. 

—¿Eres un cazador? —preguntó tranquilo.

—No, no lo soy —pude contestar.

—¡Qué bien! ya de ti no debo temer, yo soy un zorro, ¿Qué haces aquí en el bosque tan tarde?, deberías estar con las personas.

—Estoy escapando de ellas. 

Resulta algo curioso señor Malloy. No sabía porqué con esa criatura me estuve abriendo poco a poco y así, de momento.

—¿Un hombre escapando de las personas?, no tiene mucho sentido —me contestó el animal.

—Y heme aquí, teniendo una conversación con un zorro —dije con una leve sonrisa.

—Si, bueno, cualquier cosa puede ocurrir sobre la tierra —me respondió, dándose vuelta para seguir admirando la luna. No me contuve a preguntarle por qué seguía observándola.

—Siento nostalgia, al mirar la luna recuerdo a mi dueño; me dijo que vivía con una flor en otro planeta. Cuando la observo, pienso que era ese el planeta al que se refería. En realidad todo me lo recuerda. Por ejemplo: al mirarte detallé que llevabas puesto una bufanda del mismo color que mi dueño la tenía.

—¿Espera, tienes dueño? —pregunté perplejo.

—Si —me respondió el pequeño zorro —es un niño. Mi niño. Es la persona que me domesticó. ¿Sabes qué es domesticar?, no te culpo si no lo sabes, mi dueño tampoco sabía. —dijo al ver la interrogación entre mis cejas.

—Significa crear lazos con alguien, que sea para ti lo más importante que tienes —me explicó.

Sus palabras me pusieron a pensar. Si señor Malloy, las palabras de un zorro llegaron a mover mis pensamientos. Antes de poder recordar toda mi vida de muerto viviente, el animal giró su cabeza y viéndome de reojo me hizo una pregunta, —Dime hombre, ¿has domesticado a alguien?

—Si —contesté —era una niña, y creo que fue ella la que llegó a domesticarme.

—¡Muy interesante!, ¿pero por qué dices que fue ella quién te domesticó? —preguntó —en tu caso lo normal es que un hombre domestique a una niña, como un padre educando a su hija.

—Es que hay veces que me llego a preguntar por qué para ella yo era tan especial si en parte fui el culpable de su eter... —tuve que detenerme para contener mi llanto.

—Mmm...Tal vez me equivoque —dijo el zorro —no conozco a tu niña y tampoco estoy seguro de lo que estas hablando, pero capaz, ella logró mirar algo en ti que tú no puedes llegar a ver, al fin y al cabo, el corazón puede llegar a ver lo que para los ojos es invisible.

—Ya es tiempo de que me vaya —me contestó el animal —solo faltan unas horas para que salga el sol y siga con mi viaje.

—¿Por qué viajas? —pregunté antes que se marchara. 

—Porque extraño a mi niño —me respondió con la voz cortada —me dirijo al desierto a ver que encuentro, algo me dice que en ese lugar estará mi dueño y podemos volver a jugar como lo hacíamos cada día a las cuatro de la tarde. Fue un placer conocerte —se despidió el zorro.

Dejé que se fuera señor Malloy, hasta esta altura de mi no vida, todavía no estoy seguro si esa noche presencié una alucinación producto de mi sed de sangre o si todo pasó en realidad. ¿Cómo se lo puedo explicar?, soy vampiro, si existo cualquier cosa puede ocurrir sobre la tierra. Lo que si estoy seguro señor Malloy, es que esa noche me volví a dar cuenta de lo que he perdido en mi paso por esta segunda vida. Que mi desgracia esta unido a ello, por eso sigo recorriendo el mundo con esa cosa tan esencial que llevo conmigo que para mis ojos es invisible.

Recursos Retóricos:
- Onomatopeya: "—Mmm...Tal vez me equivoque —dijo el zorro..."
- Símil: "un cánido de pelaje más naranja que el último atardecer que pude presenciar..."
- Personificación: "—Buenas noches —dijo el zorro."


Un Narrador Absurdo.

De la A de acróstico hasta la V de víbora pasando por el código Homero

El código Homero

Grecia, año 2040, Robert Langdon por algún milagro todavía se encuentra vivo, todos creen que se debe al deporte que práctico de joven en la universidad; los clavados. Sin embargo, algunos sostienen la teoría de que para un hombre es muy difícil llegar a esa edad, mucho más en el siglo XXI y después de todas las "aventuras", como él mismo le llama, vividas por Langdon. 


No había todavía despuntado el sol en el panorama griego cuando Langdon abrió sus ojos de golpe, pensó que los viejos normalmente se levantan temprano, pero la taquicardia que estaba sufriendo en ese momento contradecía su hipótesis mental. Vino a él una especie de sensación de ansiedad, como que si fuese a tener alguna revelación divina, toda su vista se nubló y en aquel panorama negro aparecieron dibujados unos planos, parecía una especie de máquina, acto seguido cayó desmayado. 


Langdon tenía una enfermera que al oír el golpe salió corriendo exclamando.


–¡Señor Langdon! ¿Se encuentra bien? –dijo muy asustada. 


–Tranquila, Jeniffer, estoy bien, solo fue un delirio de mi edad, supongo –afirmó, mientras Jeniffer le ayudaba a levantarse del suelo.


Una vez de pie, Langdon buscó una hoja de papel y dibujó todo lo que había visto, había fórmulas, dibujos y materiales. Enseguida pidió a Jeniffer que le buscara los materiales que anotó en otro retazo de papel que tenía a mano. Pasadas 3 horas apareció Jeniffer con lo encargado por Robert, incluyendo un camión de traslado, ya que algunos equipos que salían en la nota de Langdon eran sumamente grandes y pesados.


Cuando todo fue descargado en casa de Langdon, éste se puso a intentar armar, aunque era especialista en iconología y semiología religiosa, una especie de máquina. Logró la hazaña después de unos 6 meses, la máquina estaba lista y tenía una especie de entrada ideal para un humano. En aquella premonición que tuvo Langdon también aparecía, en una esquina, dónde se encendía ese raro artilugio que había hecho Robert. Le explicó a Jeniffer dónde debía encenderlo y se metió en la máquina. Jeniffer, como toda buena enfermera, obedeció la orden del profesor y puso a funcionar la máquina. 


El artefacto inmediatamente botó una especie de humo adentro que desmayó al profesor. Aproximadamente 5 horas después, despertó, en un paradero que él no conocía, una especie de desierto donde sólo escuchaba los relinches de algunos caballos que se acercaban rápidamente, encima de ellos iban hombres fornidos, de buena estatura, con una especie de armadura y unas armas que, para Robert, eran desconocidas. Él les hizo señas y ellos acudieron a su llamado, cuando se acercaron al anciano vieron que su ropa era extraña, de inmediato le tumbaron en la arena, uno se le acercó y le dijo.


–¿Quién eres? ¿Por qué andas por estos parajes sin armadura?


–Mi nombre es Robert Langdon, soy profesor de semiología e iconología religiosa en la universidad.


–¿De qué hablas? ¿Universidad? ¿Semiolo qué? ¡Qué nombre tan extraño, por cierto! –dijo el soldado con una cara que parecía muy poco amigable.


–¿En dónde estoy? Si me lo dices y además me ayudas a levantarme, puedo explicarte mejor– preguntó Robert lleno de miedo.


–Estos son los desiertos de mi amada Troya y yo soy el príncipe Héctor –dijo mientras le dejaba ponerse de pie


–¡Por favor! Muchacho, soy un anciano de casi 100 años de edad ¿Crees que me creeré tal mentira? Te ruego que me digas quién eres –insistió Robert confundido.


–Ya te dije que soy el príncipe Héctor y yo tampoco me creeré que tienes 100 años de edad ¡Soldados! Uno que viaje en mi caballo, a este forastero raro amarrenlo y llevemoslo a la ciudad –ordenó el príncipe


Los soldados obedecieron de inmediato. Después de 2 horas de un largo viaje amarrado a un caballo Robert seguía preguntándose quiénes eran esos tipos, dónde estaba. Cuando, de pronto, se dibujó frente a él una muralla enorme, con un portón de similar tamaño que se abrió al sonar una trompeta. Llegaron a una especie de podio o estrado de piedra, donde Robert fue presentado al rey.


–Encontramos a este hombre de ropaje extraño, padre –dijo Héctor mientras le servían un vaso del mejor vino.


–¿Cómo se llama? –preguntó el rey.


–Se hace llamar Robert Landgof –respondió Héctor.


–Langdon –corrigió el profesor.


–¡Qué nombre tan raro! –exclamó el rey con una expresión de duda en su cara.


De pronto, se escucharon unos gritos de los arqueros de las murallas, sonó otra trompeta y subió al podio un soldado diciendo.


–Mis señores, es Aquiles, ha venido solo y dice que quiere batirse a duelo con el príncipe Héctor, pues asesinó a su primo en la última querella –dijo el soldado un tanto agotado por la carrera.


De inmediato el profesor Robert recordó aquella novela que había leído y le dijo.


–¡No vayas! Morirás si lo haces.


–¿Cómo puedes decir eso forastero? Yo maté a su primo pensando que era él y debo enfrentar esta batalla –dijo Héctor mientras Robert seguía atado de manos.


–Sé perfectamente la historia de la guerra que desencadenó Paris por andar buscando a mujeres de otros hombres, específicamente la de Agamenón, también sé que mataste a su primo Patroclo y sé que si vas morirás, ellos llegarán con un caballo y acabarán con Troya –relató Robert un poco más crédulo de que sí se trataba de Héctor de La Iliada.


–¿Estás escuchando padre? El sol ha causado estragos en la mente de este anciano, no sé cómo conoce la historia, pero estoy seguro de que ese no es el final –dijo Héctor a su padre.


–Sí, hijo mío, este hombre está loco, enviemosle a él para que le cuente toda esa historia a Aquiles, sólo a ver qué pasa –dijo el rey.


Todos los soldados bajaron a Langdon del caballo, él mismo salió y trató de explicarle a Aquiles pero fue inútil, el fornido semidios no entró en razón y le cruzó el cuello con su afilada espada, poniéndole fin a la vida de nuestro querido profesor.

De esta manera, Homero despegó su pluma del papel escribiendo la palabra "FIN", satisfecho porque había terminado el último capítulo de su historia, una historia que al día siguiente tituló "La Iliada".



El cuerpo de marfil

Metáfora: "Tu cuerpo... Eras una torre de plata recubierta de escudos de marfil"


3 palabras, un sentido

Víbora/Cabeza/Escarlata

La víbora y mi esposa, melancolía sin fin (Triste)
Sólo la cabeza, sólo la cabeza... (Suspenso)
Sus labios escarlata y su amor sin cabeza (Romántico)


Gonzaleando ando

Gato asqueroso, tu mal
Olor me causa las más profundas
Naúseas, ni el
Zamuro produce en mí tal estado de
Ánimo, tu
Larga cola
Estorba mi estadía. Ah y hablando del
Zamuro, a él mismo te echaría.



-DENC

Palabras esperan el famoso verde

1. Extinguir me nadie puede
Recurso Retórico: Hipérbole.
"...Ni las corrientes ni las grandes aguas pueden extinguir mi pasión..."

2.Palabras jugando
Nido, víbora comió
Cabeza vibra contigo
Corazón escarlata al verte

3.¿Quién fue?
Artes odiaba
Nunca apreciaba
Todas arañaba
Ocioso andaba
Nada observaba
Indiferente actuaba
OKEY?

Maio

VACÍAS EMOCIONES CONSTANTES

VACÍAS EMOCIONES CONSTANTES
Rafael Padrón

UN AMOR VACÍO

"Tú voz era un incensario que esparcía extraños perfumes..."
Recurso Retórico: Sinestesia

SIN SENTIDO CON EMOCIONES
  1. En lentitud, mueres víbora. (Triste)
  2. Cabeza al aire, sin cuello. (Suspenso)
  3. Su profundo amor escarlata. (Romántico)

TOM, JERRY Y SU CONSTANTE PELEA

Ratones 
Asesinos de queso,
Fastidiosos de nacimiento.
Adorado gato, es quien
Encuentra tu guarida
Luchan por su vida
-Farael Dapron-

Sin pensarlo dos veces

S de Salomé


"La morderé con mis labios como se muerde una fruta madura."
Símil o comparación


Algo absurdo con sentido parte 2


Triste: La triste víbora.
Suspenso: Mi cabeza muriendo...
Romántico: Mi corazón escarlata.


Acrósticamente cierto


M iau, miau
A guantando en esta
F ria madrugada
F ingiendo desesperación
E sperando mi comida



El crimen imperfecto


Esta historia la he contado un sinfín de veces y decidí que es momento de escribirla y no porque me agrade, es que simplemente amo mi trabajo. Hola, mi nombre es John Alejandro y soy esquizofrénico jajajaja, no, disculpen, es mentira, no soy esquizofrénico pero la frase se presta para hacer un pequeño chiste antes de comenzar esta terrible historia, soy solo John, quizás algunos me conocerán porque me han visto caminar por la calle sin rumbo, observando todos y cada uno de los detalles de me rodean, mientras que otros, seguro me conocen porque saben que le puedo encontrar la imperfección al que ellos creían que era un crimen perfecto.

Pero bueno, basta de hablar de mí, ahora si empezaré a contarles la historia que comenzó hace unos dos años atrás, en una tarde tranquila, mientras llevaba a su nuevo hogar, por lo menos unos 30 años de su vida, a otro tonto ­que creía que yo no sería capaz de encontrarlo.
--- Disculpe detective John, vamos a dejarlo en detención por unas horas—dijo muy amable el policía que custodiaba esa celda.
Y yo, extrañado de aquella situación le pregunté: -- ¿se puede saber la causa, oficial? —mientras otro oficial se llevaba al (sí, creo que puedo llamarlo criminal) a la sala de detención.

--Señor detective, disculpe el inconveniente, pero es que es estamos trasladando a este criminal al hospital, está muy enfermo y no puede morir acá—dijo cortésmente el oficial
Pregunté con una intriga—¿a este también lo atrapé yo?
y el oficial respondió despectivamente – no, detective, este criminal es el principal sospechoso de ser el asesino de su esposa, pero no había testigos y al parecer su abogado tampoco lo ayudó mucho y como no se pudo comprobar su inocencia, le dieron una sentencia de 50 años.

Estaba muy sorprendido con aquel hombre y muchas preguntas invadieron mi mente en cuestión de segundos. ¿Cómo no pudieron demostrar su inocencia? ¿Por qué mataría a su propia esposa? ¿Cómo es que no hay testigos en el caso?

Justo en el momento que estaban sacando a aquel hombre, de su celda para trasladarlo al hospital, no pude evitar preguntarle por su caso, sabía que estaba muy enfermo, pero yo, más que nadie, sabe que no existe un crimen perfecto y menos cuando culpan a otra persona.

Me acerque delicadamente a la camilla y le dije: -- Disculpe caballero, soy el detective John, me llamó mucho la atención caso cree que pueda explicarme más o menos ¿cómo es que usted llegó acá?

El hombre sin mucha fuerza y con el ánimo por el suelo, sacó una hoja doblada que estaba debajo de la almohada y me la entregó mientras decía: --Ahí está todo lo que debe saber sobre esta dolorosa situación, sabía que algún momento llegaría alguien que pudiera resolver este crimen y me diría que la muerte de mi bella Sara fue una injusticia muy grande, al igual que yo este acá y ese horrible criminal que la asesinó sigue suelto.

Los oficiales se lo llevaron y yo me quedé petrificado, solo le había preguntado cómo llegó allí y este hombre creyó que yo era como su héroe, sinceramente nunca me había pasado algo igual. Este hombre me había metido en un compromiso enorme, bueno, más que un compromiso, UN RETO. Debía encontrar a ese criminal, algo dentro de mi decía que este hombre era completamente inocente.

Al llegar a casa, me recosté sobre mi sofá y abrí con cuidado aquella con la esperanza de que pudiera contestar alguna de las infinitas de preguntas que tenía sobre este caso.

Hola, mi nombre es Ben Oldman, si estás leyendo esto es porque tengo esperanzas de que encuentres a aquel o aquella que desgracio mi vida, me arrancaron mi única razón de vivir, mi Sara, mi ángel, la mujer con la que pensé compartir el resto de mi vida, la luz de mis ojos, mi vida entera. Aun no puedo explicarme cómo todos creen que yo soy el asesino, mi vida era protegerla, por ningún motivo le haría daño. En fin, escribo esto porque tengo la esperanza de que algún día llegue alguien a resolver este gran misterio, sí misterio, ni yo mismo se quién pudo cometer un crimen tan horrible, una mujer sociable, hermosa, de buenos sentimientos, adorada por toda la comunidad. ¿QUIÉN? DIOS MIO ¿QUIÉN?

Este recuerdo invade mi mente cada segundo de mi vida y me duele, pero siento que debo dejarlo por escrito, si me pasa algo por lo menos tendrán mi versión de la historia.
Yo llegaba de mi trabajo a eso de las 5pm y cuando entré a la cocina donde esperaba ver a Sara mientras hacia un rico té, como todos los días, la vi, tirada en el suelo completamente llena de sangre, estaba aterrado, en shock, no creo que existan palabras para describir esa sensación.
La puerta no estaba forzada, no entendía nada, mi vida entera se derrumbo. 
  
Luego de leer este intento de carta, tenía más preguntas que antes, no había ningún indicio, pista o sospechoso de la muerte de aquella mujer, un caso demasiado extraño, enseguida decidí que lo mejor era ir al hospital donde tendrían a Ben y que él me diera más detalles porque en esta carta donde supuestamente encontraría todo lo que debía saber, lo que me dejó fue con más dudas.

Tomé mis llaves, mi saco y salí de mi casa, decidí ir caminando, así podría despejar mi mente antes de llegar al hospital, el cual quedaba a unas 3 cuadras.

Al llegar al hospital, pedí a la recepcionista que me dijera donde cual era la habitación de Ben Oldman, la mujer muy amablemente me dijo:

 –Es la 231, señor John, un placer verlo de nuevo por aquí—mientras cruzaba las piernas y arrastraba su silla hasta quedar con las piernas debajo del escritorio.

---Muchas gracias Angela, para mí es un placer venir a buscar respuestas a este hospital—le dije mientras me despedía y caminaba hacia los ascensores.

Mientras caminaba hacia la habitación, encontré a dos enfermeras conversando misteriosamente, pero como eran mujeres no les presté mayor atención, pensé que podría ser algún chisme de enfermeras, hasta que una de ellas, gritó ---¡NO LO PUEDO CREER, PORFIN! Mientras corría como desesperada hacia la habitación 231.

Intrigado, decidí entrar rápidamente, al abrir la puerta me encontré con una pequeña sorpresa, al parecer la enfermera y Ben se conocían entonces supuse que por eso era que la enfermera estaba tan emocionada cuando se enteró de que él era el que estaba en la habitación 231.

Luego de unos minutos, la enfermera se veía muy amorosa con Ben, enseguida debía preguntarle de donde lo conocía. Cuando la enfermera salió de la habitación pude preguntarle a Ben.

---Hola Ben, soy John, el detective al que le entregaste la carta antes de salir de la cárcel---le dije

Ben puso su mirada hacia mí y me dijo: ---Claro, como no conocerlo, se reconocer a mi héroe cuando lo veo. ¿Encontró al verdadero asesino?

---Wao, Ben muchas gracias por ese alago, pero lamento decirte que no, no he podido encontrar ni a otro sospechoso, la verdad es que tu carta no me ayudó mucho---le dije.  Por cierto, añadí, al parecer conoces a la enfermera, ¿de dónde conoces a esta mujer?

---Ella era la enfermera de mi madre---Dijo Ben, mi madre estaba muy enferma y como Sara y yo trabajábamos, no había nadie que pudiese dedicarle todo el tiempo que necesitaba y por eso contratamos a Gertrudis. Mi madre murió 6 meses antes de la muerte de Sara entonces no necesitamos más de su servicio y empezó a trabajar en un hospital, pero no sabía que era este.

Y ¿ella no pudo ser la asesina de Sara? No entiendo como no encontraron testigos para el caso, ella podría ser la principal sospechosa y no tú. Le dije mientras analizaba toda la situación, sin duda me faltaba una pieza importante para resolver este rompecabezas.
---La verdad no lo sé, todo fue muy extraño, nunca había visto que un caso de asesinato tuviese este fin. Esto me lo pregunto todo el tiempo, no tiene ningún sentido.

Cuando Ben me dijo esto, sabía que algo estaba mal, mis pálpitos eran ciertos. En serio me gustaría contarles más detalles de esta gran historia, pero lamentablemente deben esperar, solo les diré que apenas termine de escribir estas líneas iré “volando” al juicio del asesino de Sara. Sí, si pude resolver el caso, al principio saben que fue difícil pero luego recordé mi frase favorita “No existe el crimen perfecto”, a los criminales siempre se les olvida un minúsculo detalle y a algunos como en este caso, se les olvida mágicamente, entregar las llaves del lugar de trabajo al ser despedidos. Se lo que piensan, pero lamentablemente Sara y Ben confiaron en la persona equivocada. Como no soy tan cruel, les daré una pista, a veces las madres son muy celosas con sus hijos y son capaces de hacer cualquier cosa, hasta darle toda su fortuna a una simple enfermera para que haga lo que ella en vida nunca pudo hacer.



-Maffe-





No existen frases complejas, sino palabras profundas...

“La hija de Herodes y su figura retórica.”

Recurso retórico: Hipérbole 
"Estoy hambrienta de tu cuerpo."


De tres en tres…


   Triste: Me matas, víbora.
   Suspenso: Perdiendo la cabeza.
Romántico: Besó labios escarlatas.

La belleza del alma…
Belleza
Escondes en esa
Alma gatuna
Tu presencia es un deleite a disfrutar,
Risueña es tu sonrisa que siempre
Inundada de alegría, no deja espacio para que la

Zozobra venga a inquietar.

Resolviendo el pacto fáustico.

Solo dos personas se encontraban en ese cuartucho, iluminado por un bombillo blanco que no hacia otra cosa que moverse de un lado al otro. El  joven Dorian Gray estaba sentado al frente de la mesa. Con una actitud picara y burlona, sonríe al ver como Clarice Starling lo mira fijamente mientras ella se pasea de un lado al otro.
–A ver Sr. Gray, soy una persona directa y no me gusta perder mi tiempo así que empecemos de una vez.–comenzó Starling–Sabemos que cometió el asesinato del Sr. Basil. Estoy segura que sabe de quien hablo. Aquel famoso pintor que creó ese majestuoso retrato de su persona. Ese mismo retrato que hoy se encuentra putrefacto como su alma, ¿no es así Sr Gray?.
La sonrisa de Dorian se desapareció solo por un segundo cuando Clarice menciono el estado de su alma. Sin embargo, no tardo en reaparecer al volver su mirada hacia Clarice.
–Veo que ha hecho su tarea, Srta. Starling.–sonrió burlonamente Dorian.– Cuénteme, ¿le ha parecido fascinante mi historia? No le voy a negar que he cometido muchos errores Srta., pero haber asesinado al Sr.Basil no fue uno de ellos. La gente tiende a dudar mucho sobre mí, no se lo niego, pero creo que debería tomar un tiempo para conocerme un poco más antes de asegurar tales atrocidades. Estoy seguro que detrás de todo ese cargo de detective se encuentra una mujer fascinante. Perdóneme el atrevimiento, pero ¿Le han dicho antes la gran belleza que la define, señorita? Tiene una cara de ángelUna piel tan blanca como nieve y esos labios carmesí... Un rostro exquisito a mi parecer.
Dorian permaneció detallando a Clarice por unos instantes. Con su mirada intensa trató de causar algún efecto sobre la joven quien parecía inmune a las acciones de Gray.
–Mi belleza no es tan numerosa para poder lograr un pacto con el diablo, Sr.Gray.–refutó Starling interrumpiendo el repentino silencio.
–Una belleza como la suya puede darle esa felicidad que busca, Srta.–dijo Dorian.
–Creo que tenemos un concepto muy diferente acerca de lo que es la felicidad Sr. Gray.–afirmó Starling.
–Señorita, la felicidad no es mas que buscar los placeres de la vida, complacer el deseo inmediato. La vida es muy corta para estar desperdiciándola en preocuparse por los demás. Además, con una belleza como la suya debe ser aprovechada al máximo antes que se agote…
–De que me sirve poseer la belleza más cautivadora que antes haya existido si se que mi alma y mi conciencia no se encuentran en paz.
–Veo que le preocupa el estado de mi alma, ¿no es así?.
–Ambos sabemos que tiene una belleza innegable pero también sabemos que posee un alma despreciable.
–Así que por fin se atreve a decir algo sobre mi belleza, ya pensaba que usted era inmune a ella… ¡Que Curioso! De igual forma, pensé que usted era inmune al amor pero ya me he enterado de que no es así.
–Le recuerdo que estoy interrogándolo sobre los asesinatos que usted cometió, Sr Gray. La entrevista no es sobre mi persona.–le recordó molesta la oficial Starling.– No tengo ninguna prueba todavía pero estoy segura que fue usted el autor de tales atrocidades.–afirmó Alice.
Dorian Gray se paró de su silla para colocarse frente a frente con Clarice Starling. Empezó a detallar las facciones de la joven para luego mirarla a los ojos por unos segundos. Un sonrisa burlona reaparece sobre su rostro al ver por un instante la incomodidad de Clarice. Esta vuelve a retomar su actitud retadora y  el Sr. Gray vuelve a colocarse en su sitio.


Recursos literarios:
"Ese mismo retrato que hoy se encuentra putrefacto como su alma." (Símil)
"Tiene una cara de ángel." (Metáfora)
"Tan blanca como la nieve." (Símil)


"Esos labios carmesí."(Epíteto)

Bice.